Seis: Con B de genio.

El efímero deslumbrado marcha hacia ti, candela,
Crepita, arde y dice: ¡Bendigamos esta antorcha!
El enamorado, jadeante, inclinado sobre su bella
Tiene el aspecto de un moribundo acariciando su tumba.

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa,
¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo!
Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta
De un infinito que amo y jamás he conocido?

Himno a la Belleza, Las Flores del Mal – Charles Baudelaire (fragmento)

La entrada de hoy es un poco especial. No hay canción, sino poema, ni temática, sino tributo. Y es, en efecto, a un genio miserable, a quien está dedicada la entrada de hoy. Miserable, porque vivió en la miseria y escribió sobre ella, y genio… bueno, nadie duda de que fuera un genio.

La poesía de Baudelaire me inspira inspiración, valga la redundancia, pero también una cierta repugnancia: me transmite algo del hastío reflejado en sus “Spleen”, la pasión en los intensísimos versos de “La muerte de los pobres”, el hedonismo más visceral en su “Himno a la belleza” y el erotismo feroz encerrado en las líneas de “A una mendiga pelirroja”; todo esto y mucho más es lo que transmite el brillante enfermo con su pluma.

Si bien los temas que trata son relativamente variados (el amor, el desamor, la adicción, sus recuerdos), siempre puede apreciarse la enfermedad, la miseria y el hastío que ahogaban al poeta. Os dejo por aquí, así, algunos fragmentos de mis poemas favoritos:

Es la Muerte que consuela, ¡ah! y que hace vivir;
Es el objeto de la vida, y es la sola esperanza
Que, como un elixir, nos sostiene y nos embriaga,
y nos da ánimos para avanzar hasta el final;

 La muerte de los pobres. Durante todo el poema, pero especialmente al principio, demuestra un anhelo de descanso y tranquilidad, traduciéndolo en un deseo de morir al fin. Recordemos que los poemas de “La muerte” están situados al final, y Baudelaire consideraba a la obra entera como un libro y no un poemario: esto significaría sus últimos años.

Desde ya, ¡lejos de aquí! ¡Demasiado tarde! ¡Quizás nunca!
Ignoro de dónde vienes, y no sabes a dónde voy,
¡Oh, tú!, a quien hubiese amado, ¡oh, tú que lo supiste!

He aquí “A una transeúnte”. El enamoramiento fugaz (o coup de foudre, como dicen los franceses) y cómo el poeta, valiéndose de vestigios del amor cortés medieval, adora y endiosa a una simple desconocida.

¡Hombre libre, siempre adorarás el mar!
El mar es tu espejo; contemplas tu alma
En el desarrollo infinito de su oleaje,
Y tu espíritu no es un abismo menos amargo.

Y, para finalizar, “El hombre y el mar”. Este poema se me antoja algo primitivo, no en forma sino en contenido; el retorno del hombre al mar, y no al polvo, el reencuentro con su hermano primigenio: ambos furiosos e incontrolables, el hombre y sus pasiones como el mar con su oleaje.

Charles Baudelaire: adicto, incomprendido, absolutamente brillante, a veces algo misógino, repugnante, tremendamente delicado en ocasiones, feroz, melancólico, solitario, pero, por encima de todo, genio y estandarte del más oscuro, podrido y emocionante romanticismo literario.

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