Improvisa-2: To this day.

Nota: Esta entrada trata sobre el vídeo “To This Day“, de Shane Koyczan, que os recomiendo a todos que veáis.

Este vídeo, o mejor dicho, este poema hecho vídeo, se centra en tres personajes. Tres personajes concretos pero abstractos, tres personajes que podrían ser cualquiera. Un niño obeso, una chiquilla con una mancha de nacimiento, un muchacho adoptado. No es para tanto, ¿cierto?

Este vídeo, o mejor dicho, este poema hecho vídeo, habla de la soledad. No de la soledad doméstica y a la que todos estamos acostumbrados, no me refiero a la “ausencia de gente”. Me refiero a la soledad interior, a la que menos se ve y la que más duele, ese vacío, esa sensación de rechazo. ¿Sabes a lo que me refiero?

Sí, seguramente lo sabes.

Este vídeo, o mejor dicho, este mensaje hecho vídeo, habla del sufrimiento. No del sufrimiento físico, no del dolor soportable que percibe el sistema nervioso de nuestro organismo, sino del sufrimiento interior, el que te bloquea, te destruye y te anula. Esa horrible sensación de impotencia que te cala por dentro, que te hace sentir inútil, perdido, inválido. ¿Sabes de lo que hablo?

Sí, seguramente lo sabes.

Este vídeo, o mejor dicho, esta protesta hecha vídeo, habla de la fuerza. No de la fuerza bruta que quiebra huesos y calla bocas, en absoluto, no de los puños ni de los ácidos insultos que también son violencia, no; sino de ese tipo de fuerza que hace que brote la esperanza allí donde solo había desolación. ¿Sabes por dónde voy?

Sí, seguramente lo sabes.

Puede que, en tu vida, haya habido ”un día”. Un día que lo cambiase todo, que, de una forma o de otra, para bien o para mal, te convirtiera en alguien distinto. Puede que, en tu caso, no se trate de un día sino de una persona, un momento, un libro, una palabra, una canción. Algo. Algo que trastocase tu vida.

Si has pasado por eso, y estoy segura de que lo has hecho, comprenderás este vídeo (este mensaje, esta estremecedora protesta de cambio, este esperanzador himno) y comprenderás a aquellos que, noche tras noche y aunque tú no puedas verlo, siguen caminando en la cuerda floja. Comprenderás, si no lo hacías ya, que aquello que los otros perciben como debilidad es en realidad la más poderosa de las fortalezas.

¿Y qué pasa si tú no eres de los que miran, sino que te mantienes a duras penas en lo alto de la cuerda? ¿Y qué, si caíste alguna vez?

Our lives will only ever always continue  to be a balancing act that has less to do with pain and more to do with beauty.

Anuncios

Improvisa-2: Relato.

El pesado manto de la noche cerrada había caído sobre la colina. El firmamento, sin una sola luz, era tan oscuro como… como… el joven cerró un momento los ojos y el cuaderno. ¿Como qué? Sentado sobre la hierba, agradeciendo la caricia de la fresca brisa nocturna, el muchacho sintió por un momento su cabeza vacía de contenido. Era un escritor novato (un escritorzuelo, decía su padre), que tenía un cajón de su escritorio especialmente destinado a las novelas rechazadas por las editoriales. Guardaba cada fracaso como si se tratase de algo valioso y efímero, como si el hecho de preservar todas y cada una de las dolorosas críticas que había ido recibiendo a lo largo de dos años lo salvase de convertirse en un miserable. En su fuero interno, sin embargo, despreciaba profundamente a los editores -esos viejos resabiados- que criticaban su obra. ¡Sus escritos eran frescos, novedosos, intensos, apasionantes! ¡lo tenían todo!

El joven tenía talento, o eso creía él. Durante el instituto había sido un chico despierto al que los profesores elogiaban, era popular. Él se creía inteligente y talentoso, pero no obstante era incapaz de encontrar algo con lo que comparar el hermoso cielo de aquella noche estival. Y eso empezaba a carcomerle por dentro, a roer su sólida autoconfianza.

El joven se devanó los sesos recordando los talleres de escritura en los que había participado en el instituto. Trató de encontrar un elemento, real o imaginario, que se pudiera comparar a la misteriosa hermosura de aquel cielo, pero fue en vano. Empezaba a pensar amargamente que el firmamento cambiaba a placer para que nadie pudiese describirlo.

El muchacho se tendió sobre la hierba. Con los ojos cerrados y la vieja libreta a un lado, dejó suelto el hilo de sus pensamientos. Pensó él, en la gente de su alrededor, pensó en sus escritos, pensó en aquella pila de novelas rechazadas, pensó en el cielo y nuevamente volvió a pensar en él mismo. Era un cielo normal y él era un joven escritor con talento. ¿Qué diablos, qué diablos era lo que le impedía calificarlo adecuadamente?

Tendrían que pasar todavía un par de años para que, una madrugada de agosto, el chico (o quizá ya no tan chico) se despertase de pronto, sudoroso y desesperado, se arrancase las mantas y buscase desenfrenado aquella estúpida y vieja libreta. Al encontrarla, contemplándola como quien contempla un tesoro o como se mira la foto de un amigo olvidado, se sintió el hombre más afortunado del universo. Por eso, con una calma repentina y casi mística, finalizó aquella frase incompleta desde hacía años, colocó la última pieza del puzle:

El firmamento, sin una sola luz, era tan oscuro como la decepción.

Improvisa-2: Des radotages.

Je suis seule dans ma chambre. J’ai déjà fini mes devoirs, j’ai déjà écrit un post dans ce blog, j’ai déjà tout fini. Je reste en silence, je plonge dans moi-même et je pense. Je pense, tout simplement; je pense. Je pense à ceux qui sont avec moi, je pense à ceux que j’ai perdus, je pense à ceux que j’ai peur de perdre. Je pense, donc je ne fais rien.

Les humains sont les créatures les plus inutiles du monde. On ne fait rien, mais on pense qu’on est très importants car on a la capacité de penser. On ne peut pas voler, on ne nage pas, on est faibles et on le sait, alors on se réfugie dans la pensée; notre force est dans le cerveau. Quand on pense, quand on devient plus humains, on est conscients de nos pensées, mais les pensées ne sont que des idées intangibles. Pas de matière: rien.

Maintenant, je suis en train de penser sur le fait de penser, donc je ne suis en train de rien faire. L’Homme, avec majuscule, faiseur suprême, presque un dieu (je ne vais pas parler sur le concept de dieu, je ne veux pas vous tuer d’ennui), n’est rien sans ses pensées. La mort, peut-on dire, est le manque de pensée.

Je ne fais rien, je ne pense à rien. Même si j’ai l’air très philosophique, je dois être d’accord avec Descartes: “je pense, donc je suis”. Je ne pense à rien, donc je ne suis rien. Existentialisme. Ah, Sartre…!

Comme vous pouvez voir, je radote. Je radote et je le sais, je suis consciente. Radoter, penser, même exister, sont des choses abstraites; des concepts humains, des mots. Rien, rien qu’un peu de philosophie.

C’est stupide. Je suis en train de parler de choses qui n’ont aucun sens, je radote pour le plaisir de radoter, je parle pour le plaisir même de parler. Le plaisir. Hédonisme! Hélas, aujourd’hui (c’est évident !) je suis trop philosophique. Excusez-moi.

Parfois, radoter sur rien c’est une chose très bonne pour la santé. On pense, on parle, on aime, on lit, on écrit des posts philosophiques. On ne fait rien, donc on fait tout.

Pensez, parfois. Écrivez souvent. Radotez, plus souvent. Pratiquez votre français et soyez un peut pédants, comme moi. Faites des choses, ne faites rien. Soyez, ou ne soyez rien.

Improvisa-2: Sputnik, mi amor

Imagen

Sería más rápido decir las cosas que no sé hacer que las cosas en que soy buena. No cocino, haciendo la limpieza soy un desastre. Soy incapaz de mantener mi cosas en orden y lo pierdo todo. Me gusta la música, pero cuando canto desafino horrores. Soy muy torpe y no sé clavar un clavo. No poseo el menor sentido de la orientación y suelo confundir la derecha y la izquierda. Cuando me enfado tengo tendencia a romper cosas. Platos, lápices, despertadores. Después me arrepiento, pero, en aquel momento, no puedo controlarme. No tengo ahorros. Me siento incómoda ante la gente sin razón alguna y apenas tengo amigos.

Estas palabras son de Sumire, la protagonista de Sputnik, mi amor, pero los que me conozcan sabrán que bien podrían ser mías. ¿Qué voy a decir?

Sputnik, mi amor trata de la soledad, de la pérdida, de los anhelos imposibles. No os voy a contar de qué trata porque me sería imposible, pero os voy a decir que lo leáis como si de un imperativo categórico se tratase.

Sumire es atolondrada  e ingenua, obsesiva, torpe, con un amor exagerado hacia los libros y bastante poco hacia las personas. O más bien, hacia algunas personas. Porque Sumire se enamoró una vez, una sola vez. Como dice el propio Murakami:

Fue un amor violento como un torna­do que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo. Y, sin que su furia amainara un ápice, barrió el océano, arrasó sin miseri­cordia las ruinas de Angkor Vat, calcinó con su fuego las selvas de la India repletas de manadas de desafortunados ti­gres y, convertido en tempestad de arena del desierto persa, sepultó alguna exótica ciudad amurallada. Fue un amor glo­rioso, monumental.

Queridos lectores: les deseo, de todo corazón, que alguna vez se enamoren así. Aunque sufran de vez en cuando, aunque les arrastre la marea, aunque se queden desorientados, aunque la persona amada no cumpla ninguna expectativa y les rompa todos los esquemas.

Improvisa-2: Coup de foudre.

“Je connais peu d’expressions aussi fausses que “coup de foudre”. L’amour soudain ne foudroie pas; il fait remonter à la surface.”

O, para los no francófonos (o francófilos):

“Conozco pocas expresiones tan falsas como “flechazo”. El amor repentino no te fulmina de un flechazo, sino que te hace salir a flote.”

He descubierto esta frase en mi relectura de “La educación de un hada”, de Didier van Cauwelaert. Flechazo. La expresión en español nos recuerda a un golpe súbito, a una explosión, a algo que estalla y que ya no vuelve a estar nunca más en su sitio.

Y es que, efectivamente, eso mismo es un flechazo.

Tómense un momentito, hagan un hueco en el estrés diario, para pensar en los flechazos de su vida. Algunos pensarán en su pareja, otros, en la pareja que no tuvieron; otros cuantos pensarán en sus hijos, incluso habrá algunos que recordarán su primer día de universidad o de trabajo. Quién sabe.

Todos nos sentimos, a veces, acribillados a flechas cuya procedencia, quizá, desconocemos. Sea como sea, la saeta nos trastoca inexorablemente los esquemas: un nuevo amor, la ausencia de éste, otra pequeña boca que alimentar (y a la que colmar de besos, y de caprichos, y de “te quieros”) o un empujón intelectual. Algunas flechas nos hunden y otras, como reza la cita, nos sacan a la superficie y nos permiten, por fin, respirar.

Déjense acribillar. Enamórense, sientánse desengañados, arránquense las flechas y cúrense las heridas. Lean. Relean. Desconfíen de catorces de febrero y de bebés en pañales (salvo los que sean padres, claro). Confíen en todo lo demás. Lloren de vez en cuando. Sonrían, pero poco.